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viernes, 17 de marzo de 2017

LA CAJA NEGRA

Carlos manejaba una de las retroexcavadoras de la empresa SINTRALIB. Vivía en Florencio Varela y viajaba a la Capital Federal para trabajar en la construcción de la torre más alta del mundo. Carlos caminaba hasta la estación unas 17 cuadras, tomaba el tren de las 6:11 de la mañana, con suerte. Con suerte también, llegaba al centro, a la Capital. Cómo el subte estaba en reparación, caminaba unas cuadras más entre la locura y el frenesí de los trabajadores con miedo a perder su trabajo entre tanta precarización, para tomar el ómnibus hasta la constructora. Ojos desorbitados, miradas perdidas, ovejas de un rebaño sin pastor, queriendo comer el poco y desabrido pasto que le dan.
Carlos, al igual que muchos otros, anestesiaba los fracasos cotidianos y sus problemas familiares y económicos, con música. “Pirateada”, claro está. Pensaba, a veces, que en este mundo ya nada le pertenecía. Nada. Ni el folclore musical, ni las costumbres, ni las ropas, ni el trabajo. Nada. Todo pendía de un hilo.
Un día, Carlos encontró algo. Algo que tal vez nunca hubiera querido encontrar, o nunca hubieran querido que encuentre. Cavando el tercer subsuelo, divisó entre los escombros una cajita roja, pintada con negro. Cuando terminó con el turno, ya sabiendo dónde había dejado la última pala de escombros, revolvió curioso, y mirando que nadie lo viese  metió la caja en su bolso, entre las ropas. Por primera vez en su vida, se sintió dueño de algo. A veces sentía que ni la vida le pertenecía ya. Como si lo hubieran comprado al nacer, como si su rol ya hubiera sido predeterminado y él sólo tuviera que ocupar ese lugar, sin miramientos.
Llegó a su casa, sacó una vela, la encendió, prendió la hornalla del calentador que tenía su garrafa, puso la pava, preparó el mate, y se sentó frente a la destartalada mesa que ocupaba casi la totalidad de la pieza en que vivía, con excepción de su catrera, la silla en la que estaba sentado, el palo donde colgaba la ropa atado del techo, y el fuentón de agua bajo la única canilla en donde se bañaba, limpia los platos y lavaba la ropa.
Con misterio y con un cigarro en la boca abrió la caja, y encontró este documento:

  
UNIVERSIDAD NACIONAL

Asignatura: “Estado, Sociedad, y Universidad”
Comisión Nº 11 (Viernes 10 y 17 de 10 a 13 Hs)
Trabajo de Evaluación Final
Tema de Evaluación Nº: 1

TEMA 1

UNIDAD 1

A partir del texto de Guillermo O` Donell “Democracia, Estado y Globalización”, responder:

1.       ¿Qué es el estado hoy?
                         a)      ¿Cuáles son las dos respuestas básicas?
                         b)      ¿Por qué dice que es una “bisagra”?

2.       ¿Cómo opera la globalización? ¿Por qué afecta al Estado cuando el autor afirma que lo erosiona “desde arriba” y “desde abajo”?

3.       ¿Cómo funcionan la lógica del Estado y la lógica del Mercado? ¿Por qué ambas tienen sentido y a su vez coexisten contradictoriamente?

A partir del texto de Eric Hobsbawm “Las perspectivas de la democracia”, responder:

1.       ¿Cuáles son los componentes del “conglomerado” que compone la democracia en su forma “liberal”?

2.       Problematice de acuerdo a su opinión, la afirmación del autor “la idea de soberanía del mercado no es un complemento de la democracia liberal” (pág. 111).


UNIDAD 2

A partir del texto de Eric Hobsbawm: “Tiempo de Rupturas” Capítulos 2, 3, 4 y 5:

1.       ¿Cuáles son las dos fuerzas que han revolucionado las artes en el siglo XX?

2.       Identifique los participantes en lo que el autor llama “el juego de la cultura y la política”. Caracterice cada uno de ellos.


UNIDAD 1

A partir del texto de Guillermo O` Donell “Democracia, Estado y Globalización”.


¿QUÉ ES EL ESTADO HOY? ¿CUÁLES SON LAS DOS RESPUESTAS BÁSICAS? ¿POR QUÉ DICE QUE ES UNA “BISAGRA”?


1.       a) Bajo un enfoque tradicional, y según doctrinas de la ciencia política, los Estados están caracterizados por varios aspectos – elementos:

-          Un territorio claramente delimitado (ámbito espacial del Estado).
-          Una población residente en ese territorio determinado.
-          Un poder o gobierno que lo ejerce (que consiste en la facultad de ordenar un acto o una omisión, y que pretende legitimar su autoridad soberana mediante un ordenamiento jurídico y una monopolización de la coacción impuesta a la población establecida en dicho territorio).

Históricamente, “los Estados - Nación modernos encuentran antecedentes en las denominadas polis griegas, las ciudades - estado helenas, formada por la unión de varias tribus, así como la tribunación, la asociación de varias fratrias, y cada una de estas, en el agrupamiento de varias familias, cada una con un culto diferente, el cual no admitía de extraños, y bajo lo cual se fundaba el principio de la no fusión de las familias, fratrias y tribus. Posteriormente, el proceso dialéctico condujo a la humanidad a la tesis de la familia, a la antítesis de la fratria, a la síntesis de la tribu, que convertida en una nueva tesis, encuentra su antítesis en la ciudad. Es por esto que, de la misma manera que varias fratrias se unieron para tener un culto común y formar una tribu, así también sobre la base de respetar el culto propio de cada una y tener un culto común, se asociaron varias tribus. Según el gran historiador Fustel de Coulange², `el día que se celebró esta alianza, nació la ciudad´. Posteriormente surge la civitas³, la ciudad – estado romana y después la res – pública⁴, como llegó a denominarse a la comunidad política romana, a la cual más tarde se la conoció como imperium⁵, al extenderse el dominio romano a casi toda Europa, Asia Menor y Norte de África. Ulpiano y Aurelio Víctor, al decir de Georg Jellinek, utilizaron los términos status republicae el primero, y status romanus el segundo para identificar al Estado romano como ente jurídico – político. Sin embargo, ni los griegos ni los romanos reunieron ni en su polis los primeros, ni en sus civitasres – pública, o imperium los segundos, todos los elementos actualmente esenciales del Estado Moderno. Tampoco en la Edad Media, coinciden con el moderno concepto estatal, el land, la terrae, o el burg, vocablos relativos a la comunidad política, a la cual denominaron con una idea predominante de extensión territorial, o el reich, el reino o el imperio, términos con una connotación de poder y que son los antecedentes del Estado en el medioevo. En el siglo XV comienza a generalizarse en Italia el uso de la palabra stato, los embajadores de las repúblicas italianas de esa época empleaban los vocablos lo stato para referirse al conjunto de funciones permanentes de un gobierno; poco después con la palabra stato se aludía al territorio en donde ejercía el poder un gobierno y se empieza a emplear para referirse al estatuto jurídico o constitución de las diversas ciudades – estados italianos. (…) Así se empezó a designar stato al “sistema de las funciones públicas organizado y de los órganos que actúan en territorio determinado”, como ya se aprecia con precisión indiscutible en “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo.”¹
La generación de los Estados modernos está unida a una transformación de las feudalizaciones, girando principalmente el mando del poder hacia los grandes comerciantes burgueses, algunos ligados a la “nobleza” o muchos anteriormente príncipes, o bajo su protección, y cuyo proceso coincide con la expansión territorial por tierra primero (como por ejemplo, por parte de los cruzados, con pretextos religiosos), y por mar luego (por los navegantes devenidos en comerciantes – exploradores – colonizadores, en busca de nuevas rutas de comercio, “portadores de los dotes divinos de sus poderosos reyes” que comenzarían, con el devenir de los años, a perder influencia sobre la población y tal cuál acontece actualmente en situaciones, como cada vez que un Estado entra en crisis económica, o aumenta su demografía y no así capacidad de producción alimenticia, y se propician grandes guerras para apaciguar el clima interno, fomentando la exaltación de los nacionalismos y patriotismos, buscando enemigos internos y externos sobre los cuáles unificar criterios masivos, distrayendo la mirada del que debería ser el verdadero foco de atención, para continuar detentando el poder. “Los dos pilares sobre los que se alzan los Estados modernos son el ejército permanente y la burocracia.” Y las religiones continúan siendo el opio de los pueblos¹.
Tal cuál menciona Guillermo O´ Donnell, este primer enfoque describe los Estados “como entidades que de forma efectiva circunscriben la vida pública política, cultural y económica de una Nación” (lo cual hasta mismo es refutable porque, por ejemplo, España podría en algún sentido considerarse como una Nación de naciones, o mismo, un Estado que conglomera a varias naciones; y por otro lado también, si observamos el desarrollo de los países latinoamericanos, sobre todo del nuestro, es aún menos acertado), sin comprender los fenómenos de la globalización y otros fenómenos asociados.
Como planteo contrapuesto, el autor habla de un Estado ya ficcional “que en su lenta agonía entorpece el libre juego de los bienes, servicios e ideas que la magia del mercado desata”.
Respecto de esta afirmación me gustaría realizar algunas observaciones, que explayo y tienen relación en el tercer punto de esta primer unidad.
               

a)                  Planteados estos dos aspectos por Guillermo O´ Donnell: la “muerte” del Estado, a manos de la ley de mercados y la globalización, y por otro lado, la concepción de un Estado sin el cual presupone no podría hablarse de ciudadanía ni democracia ni de derechos, reivindica al Estado tomando la palabras de Jorge Federico Sábato¹¹: el Estado es una bisagra. El Estado es concebido como una interrelación necesaria entre lo nacional y lo internacional, lo interior y lo exterior, las reglas internas de un país en juego con otros con los cuáles interacciona socio política, cultural y económicamente, una especie de garante de los nacionalismos pero que más que nunca se ve re significado por otros nacionalismo o mejor dicho por mercantilismos.
En mi opinión, creo que las actitudes y aptitudes proteccionistas de los Estados respecto de sus economías y sus jurisprudencias, son la cara opuesta a la globalización desenfrenada que propone “borrar” fronteras (sólo las comerciales por supuesto) imponiendo nuevas, con intereses claramente imperialistas y totalitaristas solo comparables con ideologías castrenses y dogmas religiosos, con el agravante que estos dos últimos siempre fueron grupos fácilmente determinados, mientras que los condicionamientos adversos de globalización actuales parecen de origen difuso y complejo para las grandes masas poblaciones que conceden su poder a estos “invisibles” en tanto y en cuanto se colocan más en plano de consumidores que de ciudadanos.
Si hay algo que debería terminar es la reproducción de las culturas de exterminio de lo que supone impropio o ajeno, por desconocimiento o por temor, por el establecimiento de límites que dividen y separan en vez de enfatizar la unión de fuerzas de las diferencias para el bien común y no la fusión del todo en una nada sin sentido, como en aquellos casos en los que no pueden encontrarse vías para la paz y la libertad, simplemente, porque no se opta por la dinamización del poder.


¿CÓMO OPERA LA GLOBALIZACIÓN? ¿POR QUÉ AFECTA AL ESTADO CUANDO EL AUTOR AFIRMA QUE LO EROSIONA “DESDE ARRIBA” Y “DESDE ABAJO”?


2.                  El proceso de globalización consiste, entre otras cosas, en una dinámica de creciente comunicación e interdependencia económica, tecnológica, política y cultural de los distintos países del mundo, mediante la unificación de sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas con carácter global. Es reproducido por las sociedades que viven bajo el capitalismo democrático o democracia liberal, abiertos a la revolución informática, los procesos de neo liberalización y neo democratización contemporánea de su cultura política, su ordenamiento jurídico y económico nacional, y sus relaciones internacionales.
Su funcionamiento es tan paradójico que desde su proposición, surgimiento e implementación, tanto en la teoría, como en la práctica, la globalización ha sufrido tantos o más cambios de los que ha propuesto, y hasta renombrados politólogos, sociólogos, antropólogos, estadistas, y economistas, como el Profesor Joseph Eugene Stiglitz¹, que poseen una mirada crítica acerca de este fenómeno que ha logrado imponerse como orden de los diferentes aspectos en la vida cotidiana de cada uno de nosotros, aún siguen modificando sus enfoques y apreciaciones en torno a las problemáticas, variaciones y supuestos beneficios derivados de la globalización, y las formas y métodos de “corrección” respecto de los ideales que esta dinámica mundial propone.
En mi opinión, la globalización no es otra cosa que un mecanismo del propio capitalismo que tiende a su autodestrucción y su reproducción constante para continuar perpetrándose a lo largo de los siglos como continuación del proceso colonizador  de establecimiento de la moneda como método de transacción de la economía universal y la imposición de otra arma de doble filo como la propiedad privada, mediante dinámicas tan contradictorias, cada vez más frenéticas y absolutistas, como es el caso de nuestro objeto de estudio, mediante el cual pretende imponerse un orden y un poder manipulado por quienes buscan el control total de la población, de los medios de producción para su subsistencia, de las políticas, idiomas y culturas de aquellos inescrupulosos, que vacíos de todo y llenos de corrupción, dinero sucio y hambrientos de poder, buscan formas cada vez más intrincadas para implementar modelos económicos que sólo aplican la lógica de supervivencia del “más fuerte y más apto”, en un mundo tan amplio y rico de recursos naturales y humanos utilizados de forma tan inapropiada. El sistema es un error en sí mismo, y no sus errores o fallos casuales, como se nos quiere adoctrinar, y tal como explican muchos de los actuales críticos economistas, su mal funcionamiento está favorecido por la falta de valores y construcciones empresariales utilitaristas de un mundo que poco tiene que ver con esta naturaleza deshumanizada con la que convivimos hoy día, en dónde se ha impuesto la ley del hombre lobo del hombre² y dueño de todo, en dónde la velocidad multiplica los “errores”, que son pagados con hambre, insalubridad y pobreza económica, psicológica y espiritual.
Somos muchos los que sufrimos y vivenciamos este inacabable proceso de globalización que ha modificado el tablero productivo. Venimos de sociedades industrializadas que cada día más dejan de serlo, para dar paso a la sociedad del hiper consumismo y la información, en sociedades de tecnologías blandas. Es más, hasta me atrevería a decir que la información y su disponibilidad, de la cual se jacta promocionar este mundo globalizado ya no son más importantes al punto de enunciar “el conocimiento o la información es poder”, y esto es debido a que considero que aun teniendo los medios y el acceso a la educación necesarios para dilucidar este tipo de problemáticas que cotidianamente vivimos y que parecen inamovibles, y que se reproducen cada vez más rápido en costumbres y actitudes cada vez más rápidamente (el nivel y capacidad de movimiento de los datos informáticos, su nivel de acceso, y el nivel de producción actual de contenidos audiovisuales, textuales y de intercomunicación han superado con creces la capacidad humana de movimiento físico e intelectual), y es tanta la sobrecarga provocada, que aun cuando establecemos la primer relación con la información, nunca llegamos a empatizar y procesar mental y físicamente la siguiente, y así hasta provocar una saturación que invita a vivir de extremo en extremo. Nos debatimos entre la locura y los nuevos problemas de índole psiquiátricos producidos y catalogados en los últimos 25 años, las euforias y las grandes depresiones, y el contacto cada vez más temprano y crónico con drogas legalizadas e ilegalizadas, hasta la apatía, la desazón y el desconcierto actuales, típicos de procesos, ciclos y situaciones vividos, por ejemplo, ya en los antiguos momentos de implementación de políticas neoliberales y que hoy con diferente nombre o envase de presentación pretenden mostrarnos e imponer una nueva-vieja realidad, de la cual como sociedad parecemos nunca aprender.
Estás constantes contradicciones entre las antiguas teorías y conceptualizaciones respecto de los Estados Nación, planteados en libros como los de Hermann Heller³, y diversas teorías de sus causas, conformación, objetivos y funcionamiento, se chocan con una realidad contemporánea totalmente distintas y opuesta, en la que el proceso de globalización tiende a borrar las estructuras y fronteras propias de los estados sobre los que se extiende, licua sus cartas constitucionales, sus acuerdos y contratos sociales explícitos, con banderas totalitaristas de supuesta promoción y extensión de libertades y derechos universales que cada vez son más vulnerados en pos de la expansión virtual de poderes, “territorios” y culturas, que son ajenos muchas veces al proceso de producción de la misma, y nos ubican en la categoría de simples usuarios y reproductores de dichas “novedades”, a los que se suman en aumento, políticas propias del terrorismo de estado para lograr con miedo y violencia lo que el sistema no puede lograr con publicidad y demagogia. Por otro lado, y al mismo tiempo, a la vez que se desmembra y mezcla lo público con lo privado, lo propio con lo ajeno, lo nacional con lo internacional, tienden las grandes masas a suplantar, desmerecer y modificar su identidad, sus costumbres, su cultura autóctona, su lengua, y su historia, por discursos y objetivos que relegan sus construcciones sociales – familiares – nucleares e individuales primitivas, en vías de pertenecer a determinados grupos o clases sociales, tanto por el sin sentido mismo de status de pertenencia o como  sentido propio de supervivencia intrínseco a todos los seres vivos al sentirse atacados.
El nivel de expansión cultural, territorial, productivo y destructivo del ser humano siempre ha ido en aumento exponencial: desde el conocimiento del fuego, el desarrollo de herramientas, la rueda, la palabra oral y escrita para el establecimiento de los códigos de comunicación, el descubrimiento de la pólvora, la electricidad, el conocimiento, ocupación y dominio de las artes, los espacios y medios de producción, la conquista de los mares, el conocimiento y desarrollo de la astronomía, la física, la química, las matemáticas, entre tantas otros grandes e innumerables acontecimientos de la historia humana universal, así hasta llegar hoy a la manipulación de los medios de comunicación, transporte y la secesión de los medios y capacidades de subsistencia en pos de la supervivencia del perverso sistema que él mismo creó, con la finalidad de un ordenamiento para la mejora del nivel de vida, el progreso y la evolución humana, que terminó inclinando la balanza hacia su lado negativo de exterminio del todo. Tal es así, y es un claro ejemplo, el de la industria del agro negocio y de la salud, que las grandes multinacionales (expresión máxima de la industrialización despiadada del capitalismo,  la concentración de poderes y el uso inapropiado e ineficiente de los recursos naturales), que pretendieron venderse como solución al hambre, el desempleo y la pobreza, y no han hecho más que lo contrario.
Cabe destacar que existen muchísimos esfuerzos por contrarrestar este tipo de situaciones, y que en estos momentos se nutren de este proceso de globalización para conocerlo y utilizar sus herramientas para revalorizar, re significar y fortalecer la presencia y el encuentro de minorías oprimidas que cada vez son mayores y que tan solo parecen dispersas, mientras que otros pretenden sistemáticamente apelar a la desmemoria y a un empoderamiento que se acerca más a la dependencia y al propio sometimiento que a la emancipación y a la igualdad en la diversidad.
Respecto a lo que nos concierne a nosotros como futuros académicos  universitarios insertos en las artes dramáticas, podemos ver como todo lo expuesto anteriormente se hace presente en cada uno de los ámbitos de injerencia: desde un alto porcentaje de teorización de las carreras humanísticas y sociales, en detrimento de la experimentación, la investigación y un análisis de las prácticas, encuentros y experiencias concretas,  hasta la mercantilización de la producción artística, la falta o las dificultades socio - económicas de acceso a la educación universitaria de calidad y transformadora, el analfabetismo cultural y tecnológico, y una educación para su apropiación y utilización, la falta de inversión y de claras políticas integrales de promoción de la cultura nacional que contemple de verdad a todos los actores cualquiera sea su condición, sin por eso convertirla en una única expresión totalizadora, o el fomento al consumo de “productos culturales enlatados”, en vías de favorecer intereses económicos de quienes controlan el flujo y la producción del capital y el consumo, y que pretenden decidir la importancia y el camino de la educación, entendiéndola como un gasto y no como una inversión, apartándola de la esencia constructiva del ser humano que quiere superarse como crecimiento de sí mismo y para los demás, con un sentido crítico, profundo y dedicado, que busca comprender y fomentar una naturaleza humana de convivio pacífico, de mirada esperanzadora, en donde compartir un espacio con otros es un acto de presencia real, emotiva y natural, y no una excepción a la regla, vacía de expresión y contenido, en un mundo cada vez más individualizado, etéreo, desapasionado, que lucha competitivamente contra los otros, en una vorágine destructiva de sí mismo y de su entorno.
Creo que la frase más apropiada para referir y concluir con este tipo de fenómenos de tono imperialista y “normalizador”, y de estás situaciones de creciente dualidad contradictoria, propia de la vida, es el innegable tercer postulado de Newton o principio de acción y reacción pero aplicado a las ciencias humanas: “Siempre que una persona ejerza una fuerza sobre otro, este ejercerá una fuerza de igual magnitud y dirección pero de sentido opuesto sobre el primero”. No ha existido imperio dirigido por reyes, burgueses, tecnócratas o militares que no haya caído con la misma fuerza y sangre con la que fueron impuestos. Sólo el cambio es lo único que permanece en el tiempo incondicional.


NOTAS

¹Joseph Eugene Stiglitz , (Gary, Indiana, 9 de febrero de 1943). Ha recibido la Medalla John Bates Clark (1979) y el Premio Nobel de Economía (2001). Es conocido por su visión crítica de la globalización, de los economistas de libre mercado (a quienes llama "fundamentalistas de libre mercado") y de algunas de las instituciones internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En 2000, Stiglitz fundó la Iniciativa para el diálogo político, un centro de estudios (think tank) de desarrollo internacional con base en la Universidad de Columbia (EE. UU.) y desde 2005 dirige el Instituto Brooks para la Pobreza Mundial de la Universidad de Manchester. Considerado generalmente como un economista de la Nueva Economía Keynesiana, Stiglitz fue durante el año 2008 el economista más citado en el mundo. En el 2012, ingresó como académico correspondiente en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de España.
Link a la Biografía Online y Referencias Externas: https://es.wikipedia.org/wiki/Hermann_Heller

                ²“Homo homini lupus” es una locución latina de uso actual que significa ‘el hombre es el lobo del hombre’ o ‘el hombre es un lobo para el hombre’. Se cita con frecuencia cuando se hace referencia a los horrores de los que es capaz la humanidad para consigo misma. Esta locución fue creada por el comediógrafo latino Plauto (254-184 a. C.) en su obra Asinaria, donde dice: “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit” (Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro). Fue popularizada por Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII, quién la adaptó en su obra De Cive. Se puede interpretar que en su escrito, Hobbes da por básico el egoísmo en el comportamiento humano, aunque la sociedad intenta corregir tal comportamiento favoreciendo la convivencia. El análisis que surge por medio del desarrollo de esta frase conduce a los principios explicados por Hobbes en su obra y serán de hecho los que para él justifican la necesidad de una monarquía absoluta.

Plauto - Link a Referencias Externa:

Homo Homini Lupus - Link a Referencias Externa: 

Thomas Hobbes – Link a Referencia Externa: 

³Hermann Heller (Teschen, Austria - Hungría, 1891 - Madrid, España, 1933) fue un jurista y politólogo alemán, miembro del ala no marxista del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) durante la República de Weimar. Intentó formular las bases teóricas para las relaciones entre socialdemocracia, Estado y nación. Se le considera como un gran jurista, teórico de la política y constitucionalista, representante descollante de la Teoría del Estado alemana. Probablemente la definición más clásica de Estado es la que hizo Hermann Heller, quien lo define como: “una unidad de dominación, independiente en lo exterior e interior, que actúa de modo continuo, con medios de poder propios y claramente delimitado en lo personal y territorial.” Heller señala que sólo se puede hablar de Estado como una construcción propia a partir de las monarquías absolutas del siglo XV, de la Edad Moderna. Para Heller No hay Estado en la Edad Antigua. Hermann Heller busca repolitizar la teoría del Estado. El carácter político de la teoría del Estado está basado en la propia estructura de la acción humana, en que el hombre está para algo, en que tiene una referencia explícita al futuro. Por eso define al Estado como: "Un hecho humano, cuyo objeto y sujeto somos nosotros mismos, apunta más allá de sí mismo al futuro. Este aspecto evolutivo se construye con un contenido de valores políticos que no hay que buscar en algún lugar en alguna esfera separada de la realidad estatal, sino en la voluntad de los propios hombres que actúan políticamente: los hombres, unidos por aspiraciones e ideas políticas en comunidades asentadas en valores y en la voluntad, quieren alguna en el futuro." Pero al mismo tiempo, Heller conceptualiza al Estado con las características que le habían sido ya atribuidas al Estado moderno en los años anteriores, especialmente el poder territorial soberano. "El estado se diferencia de todos los otros grupos territoriales de dominación por su carácter de unidad soberana de acción y decisión. El Estado está por encima de todas las demás unidades de poder que existen en su territorio por el hecho de que los órganos esta <<capacitados>> pueden reclamar, con éxito normal, la aplicación, a ellos exclusivamente reservada, del poder físico coactivo, y también porque están en condiciones de ejecutar sus decisiones."
Link a la Biografía Online y Referencias Externas: 


¿CÓMO FUNCIONAN LA LÓGICA DEL ESTADO Y LA LÓGICA DEL MERCADO? ¿POR QUÉ AMBAS TIENEN SENTIDO Y A SU VEZ COEXISTEN CONTRADICTORIAMENTE?


3. Tanto los Estados como los mercados, poseen componentes fundamentales e interrelacionados: ambos se sustentan de una base territorial operativa y de una población sobre la cual tienen función e injerencia y por la cual son a su vez alterados, y son tomadas las decisiones que regulan directa e indirectamente tanto el funcionamiento de uno como de otro, esto sin contar los factores ambientales, entre otros. En la concepción de los Estado – Nación Modernos, esas decisiones de las que hablo, que no son otra cosa que relaciones (entre bienes, recursos, personas, políticas, concepciones, etc.) son tomadas a nivel macro por los gobiernos que dirigen el poder que les fue otorgado por la ciudadanía, siempre hablando de Estados democráticos representativos. Ese poder, es un poder sustentado por los principios de soberanía, autoridad y una multiplicidad de diversos factores, muchos de orden jurídico, sobre los que ejerce control y monopolio el Estado a través de sus instituciones. Lo que sucede desde la iniciación del período de globalización, es que esa relación de poder dada, en los Estados democráticos liberales (que a esta altura de las circunstancias me parecen democracias livianas o blandas, o pseudo democracias), dentro del sistema capitalista, está cada vez más y más influida por quienes portan y acopian las grandes masas de dinero, entre los que están los bancos y las empresas multinacionales, cuyos intereses particulares poco tienen que ver con los intereses públicos, y con el bienestar general. Esta balanza del ejercicio del poder, que primitivamente, es teóricamente confinada por medio de la “Carta Magna”, y a través de contratos y convenciones sociales a ser ejercida por quienes eran los seleccionados por la ciudadanía - (eso cuando la población tiene el agrado de vivir en un Estado siendo contemplados como sujetos de derecho; ciudadanía proveniente de concepciones históricas y erráticas bastante particulares y de largo desarrollo y estudio, y cuya teoría y práctica también, al igual que casi todo en las ciencias humanas políticas, posee una verosimilitud al menos dudosa, poco próxima, por no decir a veces casi opuesta a su propia definición) - , sin perjuicios de verse atraídos o cooptados por la acumulación de riquezas materiales, (tal vez en la concepción de algún ingenuo), fue poco a poco inclinándose a lo largo del tiempo, hasta concentrarse mayormente en la “manos invisibles” de las grandes empresas multinacionales, que desatan esa “magia”, que promueve y lucra con los recursos naturales y las personas, amparados por leyes que por el contrario a los ideales y discursos éticos y morales que dicen sustentar, terminan por desproteger a todos a costa de la explotación, el sufrimiento, la proliferación de enfermedades, y la dependencia a un sistema que lo vuelve todo crónico y terminal.
Ambas lógicas, la del Estado y la del Mercado, tienen sentido si se las mira desde su propia perspectiva, y ambas conviven contradictoriamente debido a que en realidad, y con mucho más énfasis en la actualidad, imperando sobre ellas a grandes rasgos, fuerzas de poder que se sirven de esta contradicción propia del sistema, de la corrupción de la clases dirigentes, de la falta de consenso y acción organizada de los elementos civiles, de la apatía, la desazón, el hambre, la doble moral, las instituciones estatales como aparatos asistencialistas cooptados por los gobiernos de turno, la manipulación mediática, la disgregación, individualización y vigilancia de la sociedad, el fomento de sectores improductivos con una formación más ligada a presentarse como brazo armado del Estado contra la propia población que para servir y proteger a la ciudadanía (como lo son el ejército y la policía), el establecimiento de nuevos currículums ocultos cada vez más visibles, el clientelismo político, la degeneración de la educación y de todas las infraestructuras básicas, la salud y la falta de insumos y la precarización y canibalización de las herramientas, máquinas y fuentes de trabajo, la opresión y la represión, el avasallamiento y supresión de las conquistas y derechos sociales adquiridos, la desarticulación de los movimientos y luchas sociales apelando a la transmisión de discursos hegemónicos, cada vez más con un fundamento publicitario nocivo, instantáneo, pre digerido y tendiente a promover reacciones violentas o supuesta indignación que no supera las barreras intra psicológicas de los individuos y provoca finalmente apatía, desconcierto, e inoperancia popular y des fortalecimiento de las clases sociales oprimidas; la proliferación de los negocios privados como solución a los problemas públicos, los discursos políticos cargados de falacias, la falta de interés creada en la población respecto del ejercicio de sus acciones como seres políticos, entre tantos otros factores para continuar marcando desigualdades sociales cada vez más amplias.


NOTAS

Estado - Nación: Se considera que el Estado - Nación nace, mediante el tratado de Westfalia, al final de la guerra de los Treinta Años (1648). Mediante este tratado se acaba con el antiguo orden feudal y se da paso a organizaciones territoriales y poblacionales definidas en torno a un gobierno que reconoce sus límites espaciales y, de poder. El progreso del Estado moderno no consistió solamente en un desplazamiento de las viejas instituciones, sino su completa renovación, su predominio con las nuevas autoridades de la nación, creando un orden social nuevo (liberal, burgués y capitalista), al eliminarse las viejas formas estamentales de origen feudal del Antiguo Régimen mediante un triple proceso revolucionario: Revolución liberal, Revolución burguesa y Revolución industrial. Sin embargo, el proceso distó de ser una revolución instantánea, pues a pesar de que se produjeron periódicamente estallidos revolucionarios (Revuelta de Flandes, Revolución inglesa, Revolución estadounidense, Revolución francesa, Revolución de 1820, Revolución de 1830, Revolución de 1848), como proceso de larga duración, lo que tuvo lugar fue una evolución y transformación lenta de las monarquías feudales. Primero se transformaron en monarquías autoritarias y luego en monarquías absolutas, que durante el Antiguo Régimen fueron conformando la personalidad de naciones y Estados con base en alianzas territoriales y sociales cambiantes de la monarquía; tanto de unas monarquías con otras como de cada monarquía en su interior: en lo social con la ascendente burguesía y con los estamentos privilegiados, y en lo espacial con el mantenimiento o vulneración de los privilegios territoriales y locales (fueros). El racionalismo creó la idea del "ciudadano", el individuo que reconoce al Estado como su ámbito legal. Creó un sistema de derecho uniforme en todo el territorio y la idea de "igualdad legal". Las distintas escuelas de ciencia política definen de diversas maneras el concepto del Estado- Nación. Sin embargo, en la mayoría de los casos se reconoce que las naciones, grupos humanos identificados por características culturales, tienden a formar Estados con base en esas similitudes. Cabe anotar que bajo esta misma óptica la nación es un agrupamiento humano, delimitado por las similitudes culturales (lengua, religión) y físicas (tipología). Un Estado puede albergar a varias naciones en su espacio territorial y una nación puede estar dispersa a través de varios Estados. Las instituciones políticas de esta entidad tienen un desarrollo que se puede rastrear hasta una maduración en 1789 (Revolución francesa). Los modelos de agrupación en torno a una autoridad central siguen dos visiones contrapuestas, pesimista y optimista, acerca del hombre en estado de naturaleza, marcadas por los trabajos filosófico - políticos de Hobbes y Rousseau, sin excluir otras tradiciones del pensamiento político: el concepto platónico de República o la Política de Aristóteles, y el funcionamiento y las políticas de la democracia ateniense y la República romana en la Edad Antigua; los debates de la Edad Media entre los poderes universales y el intento fallido del conciliarismo (concilio de Constanza de 1413, concilio de Florencia o concilio de Basilea de 1431); o en la Edad Moderna el establecimiento del ius gentium, los justos títulos y el tiranicidio por los españoles de la Escuela de Salamanca - Bartolomé de las Casas, padre Mariana - o el holandés Grotius, el humanismo de Nicolás de Cusa, el racionalismo de Leibniz o el empirismo de Locke; todos ellos refundidos y retomados por la Ilustración europea (primero Montesquieu y luego los enciclopedistas), así como la percepción de ejemplos de algunas experiencias políticas indígenas americanas - las comunidades precolombinas en las Antillas, el mito de El Dorado, el imperio incaico del Tahuantinsuyo o la confederación iroquesa - que vistas desde la perspectiva eurocéntrica conformaron la idea del buen salvaje y el utopismo. La primera plasmación política textual de este proceso intelectual fueron los textos de la Revolución estadounidense: la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (4 de julio de 1776) y la Constitución de 1787. “Nosotros, el Pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, estatuimos y sancionamos esta CONSTITUCIÓN para los Estados Unidos de América.” Esta idea del Estado implicaba su surgimiento ante la necesidad armonizar los intereses del individuo y la comunidad de obtener al tiempo seguridad y libertad; y para garantizar el derecho de propiedad, como un desarrollo natural de la cooperación entre los individuos en su egoísta búsqueda de la felicidad a través del propio interés (teoría de la mano invisible de Adam Smith). El desarrollo del concepto había generado, a partir del siglo XVII, los primeros mapas europeos de Naciones - Estado, donde las fronteras se pretendían establecer firmemente para garantizar la paz, al menos en principio, puesto que la estabilidad de las fronteras nunca se consiguió. A la par de este desarrollo de concepto se busca justificar la existencia de un Estado - Nación natural, delimitada por fronteras naturales en contraposición con la idea de la nación como producto de las similitudes culturales. Este tipo de concepción territorial del Estado llevará a la conformación de Estados imperiales, más que nacionales, donde se agrupan varias comunidades nacionales bajo una misma autoridad estatal centralizada, que entran en conflictos debido a sus profundas diferencias culturales, acendradas en tiempos de depresión económica. Las naciones divididas o dispersas en distintos Estados también generaban conflictos de muy difícil solución (caso del pueblo judío, el kurdo o el gitano). En otros casos las comunidades de una misma nación eliminan las fronteras, de manera que hay libre tránsito a través de fronteras, como es el caso de los indígenas del norte de México y el sur de EUA. Debido a factores como fronteras cerradas, grupos nacionales muy pequeños y procesos históricos complejos, resulta poco práctico (según la perspectiva política, económica y social de los Estados modernos) reintegrar la soberanía o permitir el surgimiento de naciones alternativas de tamaño menor que las que conforman a los Estados modernos. La identificación del Estado nacional con el mercado nacional, de un tamaño suficiente para permitir a la burguesía el desarrollo del mercado capitalista, se potencia en el periodo de desarrollo de la Revolución industrial (siglo XIX), simultáneo al periodo conocido como nacionalismo, en el que se inician los movimientos nacionalistas contemporáneos. Esta tendencia a la adecuación entre el tamaño del mercado y el tamaño del Estado se complementó con los imperios coloniales en la denominada época del imperialismo (1870-1914), proceso que fue identificado y analizado en aquel momento por Hobson y Lenin. La Primera Guerra Mundial, que disolvió los grandes imperios (II Imperio Alemán, Imperio austrohúngaro, Imperio otomano e Imperio ruso), terminó, por un lado con el intento de construcción de un Estado socialista (la Unión Soviética) y, por otro, con el intento de aplicación al resto de Europa de los catorce puntos de Wilson, que matizados por las potencias vencedoras en los tratados de paz (Tratado de Versalles), condujeron a una política de plebiscitos en que las poblaciones deberían elegir el Estado en que querían vivir (por ejemplo, el Sarre), lo que en la Europa Oriental no garantizó unas fronteras seguras ni una estabilidad que pudiera evitar la explotación de un extendido sentimiento de victimismo nacionalista por los fascismos y el estallido de una nueva guerra (la Segunda Guerra Mundial), tras la cual se optó por traslados forzosos y masivos de las poblaciones y una política de bloques. El término Estado nacional, que suele utilizarse indistintamente junto al término Estado, se refiere más propiamente a un Estado identificado con una sola nación. Tras el proceso de descolonización de mediados del siglo XX, esta forma de Estado ha llegado a ser la más común, de modo que la inmensa mayoría de los Estados se consideran Estados nacionales. Sin embargo, nunca a lo largo de la historia ha habido una identidad indiscutida entre ambos términos (Estado y Nación) y siempre ha habido objeciones sobre la identificación con una sola nación de cualquiera de los Estados existentes, tanto de los que se consideran ejemplos de Estado nacional desde finales de la Edad Media (Francia, ejemplo de centralismo y de nación construida con los mecanismos unificadores de la sociedad por el Estado) como de los surgidos de movimientos unificadores románticos (Unificación de Alemania y Unificación de Italia). Esto hace aún más difícil la pregunta sobre qué es una nación. Hay muchos Estados, como Bélgica y Suiza, con múltiples idiomas, religiones o grupos étnicos dentro de ellos, sin que ninguno sea claramente dominante. A menudo (y especialmente en el caso de Suiza y los Estados Unidos) una identidad nacional ha sido construida desafiando esas diferencias. Un mejor ejemplo de Estado plurinacional sería el Reino Unido, constituido por cuatro naciones: Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte y Gales, lo que no implica que predomine la conciencia nacional sobre el concepto de lo British (para algunos lo más próximo a una nación británica). El concepto de Estado de las autonomías surgido de la vigente Constitución Española de 1978 (que se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas -artículo 2-) es interpretado de forma distinta por cada fuerza política española, desde posturas centralistas hasta otras que entienden a España como una Nación de naciones, desde un denominado patriotismo constitucional a un nacionalismo español más tradicional, y desde las reivindicaciones independentistas de los más radicales entre los nacionalismos periféricos, a las más moderadas de los que a veces se denominan regionalistas y a veces nacionalistas moderados.


¹Extraído del libro: “EL ESTADO EMPRESARIO”, Capítulo II (El Marco Estatal). Jorge Fernández Ruíz. Ed. Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

²Numa Denys Fustel de Coulanges (París, 18 de marzo de 1830 - Massy, 12 de septiembre de 1889) fue un historiador francés. Su nombre está ligado al de su principal obra, La ciudad antigua (La cité antique, 1864). “La Cité antique: étude sur le culte, le droit, les institutions de la Grèce et de Rome” es distribuido desde antes de 1870 como premio de excelencia escolar en los lycées de Francia. Fustel arroja luz sobre una cuestión que le interesa en alto grado: las relaciones entre la propiedad y las instituciones político-religiosas. Según él, los antiguos no conocían ni la libertad de la intimidad, ni la libertad de educación, ni la libertad religiosa. El ser humano cuenta bien poco ante la autoridad sagrada y casi divina que llamamos "Patria" o "Estado". Su influencia es importante, sobre todo por la interpretación del papel fundamental que las religiones juegan en la estructuración de las sociedades. El sociólogo Émile Durkheim dedicará su tesis universitaria a su memoria.

³ Civitas: Literalmente la palabra latina civitas significa ciudadanía. Este estatus garantizaba derechos civiles y políticos.
Link a Referencias y Enlaces Externos: https://es.wikipedia.org/wiki/Civitas

⁴ Rēs pública: es una expresión del latín, que significa literalmente "cosa pública", lo que se conoce modernamente como esfera pública. Etimológicamente, es el origen de la palabra "república" y, conceptualmente, de la inglesa commonwealth. Su uso se vincula generalmente con los conceptos actuales de sector público y Estado, y con los conceptos tradicionales de bien común y procomún.
Link a Referencias y Enlaces Externos: https://es.wikipedia.org/wiki/Res_publica

⁵ Imperium: término jurídico latino (imperĭum) que designaba en la Antigua Roma el poder de mando y castigo, de índole militar, del gobernante sobre los ciudadanos convocados a la guerra y el dominio sobre los territorios conquistados. No existe una traducción exacta al español, dado que el sistema político moderno de división de poderes difiere del romano antiguo, pero es similar al concepto de "soberanía", aunque su origen etrusco se trataba de la facultad y el derecho reconocido a una persona (dictador) o un conjunto de ellas, para ejercer con autoridad el poder militar.
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Domicio Ulpiano (en latín, Gnaeus Domitius Annius Ulpianus; ¿Tiro?, ¿170? - Roma, 228) fue un jurista romano de origen fenicio, magister libellorum. Fue tutor, consejero y prefecto del pretorio del emperador Alejandro Severo. Definió la justicia como la continua y perpetua voluntad de dar a cada quien lo que le corresponde. Según sus escritos, `Los preceptos del derecho son: vivir honestamente, no dañar a nadie y dar a cada uno lo que es suyo’.
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⁷ Sexto Aurelio Víctor (Sextus Aurelius Victor, en latín) (c. 320 - c. 390) fue un historiador y político del Imperio romano.
Aurelio Víctor fue el autor de una Historia de Roma desde Augusto a Juliano el Apóstata (360), publicada hacia 361. Juliano le honró nombrándole prefecto de Pannonia Secunda. Posiblemente es la misma persona que se conoce como cónsul en 369, junto al hijo de Valentiniano I, y el prefecto de la ciudad de Roma (389).
                Link a Referencias y Enlaces Externos: https://es.wikipedia.org/wiki/Aurelio_V%C3%ADctor

⁸ Georg Jellinek (Leipzig, 16 de junio de 1851 - Heidelberg, 12 de enero de 1911), fue un jurista y profesor universitario judío alemán de origen austríaco. Estudió en Leipzig, fue profesor en las universidades de Viena, Basilea y de Heidelberg en 1891. En sus obras sobre Filosofía del Derecho y ciencia jurídica sostiene que la soberanía recae en el Estado y no en la nación, concepción derivada de la revolución francesa, tal como expone en Teoría General del Estado (Allgemeine Staatslehre), escrita en 1900. En el primer libro, el autor se inicia por estudiar cual debe ser el método de la doctrina del Estado; la Historia de su doctrina, y las relaciones de la doctrina del Estado con el resto de las ciencias. Para dar respuesta a este libro, escribió un libro titulado "Fragmentos de Estado" para hablar de aquellos territorios que por sus peculiaridades no encajaban de alguna manera en la "Teoría General del Estado". En su «Segundo Libro» aborda el tema de la Doctrina General Social del Estado, donde analiza el nombre del Estado; su naturaleza; las doctrinas sobre la justificación del Estado; los fines del Estado; el origen y la desaparición de los Estados, los tipos históricos fundamentales de Estados (antiguo Estado Oriental, helénico, romano, la edad media y el moderno); el Estado y el Derecho. En el «Libro Tercero», denominado Teoría General del Derecho Político, analiza las partes del Derecho público; la situación jurídica de los elementos del Estado; las propiedades del poder del Estado, la Constitución del Estado; los órganos del Estado, la representación y los órganos representativos; las funciones y la estructura del Estado; las formas del Estado (monarquía y república) las uniones de Estados (aparentes y jurídicas) y finalmente lo que denomina las garantías del derecho público. En su libro La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1895, Jellinek sostuvo la polémica tesis de que tanto la Declaración francesa de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789, como la análoga declaración estadounidense proceden, en último término, de las luchas por garantizar la libertad religiosa.
Link a Referencias y Enlaces Externos: https://es.wikipedia.org/wiki/Georg_Jellinek

Burg o Bürg puede referirse a:
-          El término de origen germánico, latinizado como burgus y castellanizado como burgo.
-          El sufijo -burg (castellanizado -burgo), muy utilizado en la denominación de ciudades.
Históricamente, en la Alta Edad Media europea, se denominaba burg a las fortificaciones de madera (ya que los germanos no usaban la piedra y el ladrillo para sus construcciones) que rodeaban las aldeas, siendo su función poder realizar una vigilancia desde las mismas. Cuando empiezan a aparecer las aristocracias militarizadas se empiezan a construir edificios junto a los burgs.
Link a Referencias y Enlaces Externos: https://es.wikipedia.org/wiki/Burg

¹ La religión es el opio del pueblo o La religión es el opio de los pueblos (traducción de la frase original en alemán Die Religion... Sie ist das Opium des Volkes) es una cita hecha en 1844 por Karl Marx.
Link a Referencia y Enlaces Externos: https://es.wikipedia.org/wiki/Opio_del_pueblo

¹¹ Jorge Federico Sábato (La Plata, 1938 - Buenos Aires, 1995) fue un intelectual argentino, vicecanciller y Ministro de Educación y Justicia de la Nación durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Hijo del escritor Ernesto Sábato.
Link a Referencia y Enlaces Externos: https://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Federico_Sabato


A partir del texto de Eric Hobsbawm “Las perspectivas de la democracia”


¿CUÁLES SON LOS COMPONENTES DEL “CONGLOMERADO” QUE COMPONE LA DEMOCRACIA EN SU FORMA “LIBERAL”?

1.                  Los componentes del “conglomerado” que actualmente compone la democracia en su forma “liberal” son: “un estado constitucional que ofrece la garantía del imperio de la ley, así como diversos derechos y libertades civiles y políticos, y al que gobiernan sus autoridades, entre las que deben figurar necesariamente asambleas representativas, elegidas por sufragio universal y por la mayoría numérica del conjunto de sus ciudadanos, en elecciones celebradas a intervalos regulares en las que se enfrentan diversos candidatos y organizaciones rivales.”*

“LA IDEA DE SOBERANÍA DEL MERCADO NO ES UN COMPLEMENTO DE LA DEMOCRACIA LIBERAL”

2.                  La idea de soberanía del mercado no es un complemento de la democracia liberal debido a que justamente los argumentos favorables a las democracias liberales se ven directamente afectados por el supuesto “libre albedrío” que debiera configurarse para que esa idea mercantilista sea llevada a cabo en su máxima expresión, y que oculta tras de sí la delegación de la soberanía de los estados – nación democráticos y la transferencia del control de los poderes públicos a manos privadas.
Así mismo, el componente liberal de las democracias actuales, del que dependen más que su componente democrático, más exactamente el electoral, no garantiza los derechos en sí mismos, a través de la defensa del voto libre, sino que permite más bien la alternancia de gobiernos, que en muchos casos y en gran medida, lamentablemente, solo alternan corrupción y justificaciones constantes respecto de la responsabilidad de la aplicación de políticas antipopulares y ajustes económicos, como la única solución posible ante los problemas ocasionados por gobiernos precedentes sin asumir cargos propios.
Así y todo, “la afirmación ampliamente aceptada – del discurso público estadounidense, admitido de forma casi universal – acerca de que la gobernanza liberal democrática es siempre e ipso facto superior, o al menos preferible a la no democrática”* ¹ me parece positiva aunque continua caminando por la cuerda floja entre las dos posiciones, pues aunque la persecución política y la aplicación del terrorismo de estado no tiene la misma connotación en la opinión pública que los desaparecidos en democracia, los casos de “gatillo fácil”, las omisiones e inoperancias y los tratamientos en el sistema público jurídico y fiscal respecto de causas ligadas a la violencia estatal, muchas veces, y sobre todo en los estados latinoamericanos, se ve desestimada por la opinión pública por medio de la negación o la falta de interés, y por lo menos en lo personal abre una incógnita respecto de si esta situación de negación no es peor, sumado a que tal vez otro factor pueda ser, que el crecimiento del costo y tecnologización de las guerras es muchísimo más caro y menos efectivo que la generación de un “ejército” poblacional que desista de su ejercicio político, y un estado cómplice que maneje a la perfección mecanismos de espionaje y servicios de inteligencia y control de los mismos, como “guerra preventiva”.
Desde sus inicios, la palabra democracia no ha estado ligada a los mismos conceptos con los cuáles hoy es comprendida, y al día de hoy además, existen diversos tipos de democracia que han sido ejercidas en diferentes Estados, con diversa base de extensión territorial. Algo que sí es claro, es que las concepciones de pueblo, y de ciudadanía, es decir, quienes son reconocidos como personas con una serie de derechos políticos y sociales que le permiten intervenir en la política de un país determinado, siempre ha sufrido alteraciones entre sus discursos y postulados teóricos, y han sido manipulados en la práctica, siempre para beneficio de una elite minoritaria, que en general nunca supera el 10% de la masa poblacional, por medio de diferentes mecanismos de diversa índole, ya sea institucionales a través de violencia provocada por el aparato estatal por acción concreta u omisión; a través de la regla de la mayoría, por medio del engaño, el fraude, la mentira, la demagogia, la corrupción y otras diversas perversas deformaciones políticas, a través del autoritarismo, y de la negación, suspensión y eliminación de garantías y derechos; y de diferentes factores inherentes también a lo burocrático, o bien ligados a la aplicación de políticas neoliberales con la imposición de la lógica de los mercados, tendientes a socavar la soberanía de los pueblos.


NOTAS
 Democracia: El término democracia proviene del griego antiguo (δημοκρατία) y fue acuñado en Atenas en el siglo V a. C. a partir de los vocablos δμος (dmos, que puede traducirse como «pueblo») y κράτος (krátos, que puede traducirse como «poder», o «gobierno»). Sin embargo, la significación etimológica del término es mucho más compleja. El término «demos» parece haber sido un neologismo derivado de la fusión de las palabras demiurgos (demiurgi) y geomoros (geomori).El historiador Plutarco señalaba que los geomoros y demiurgos, eran junto a los eupátridas, las tres clases en las que Teseo dividió a la población “libre” del Ática (adicionalmente la población estaba integrada también por los metecos, esclavos y las mujeres). Los eupátridas eran los nobles; los demiurgos eran los artesanos; y los geomoros eran los campesinos. Estos dos últimos grupos, «en creciente oposición a la nobleza, formaron el demos».Textualmente entonces, «democracia» significa «gobierno de los artesanos y campesinos», excluyendo del mismo expresamente a los esclavos y a los nobles. Algunos pensadores consideran a la democracia ateniense como el primer ejemplo de un sistema democrático. Otros pensadores han criticado esta conclusión, argumentando por un lado que tanto en la organización tribal como en antiguas civilizaciones en todo el mundo existen ejemplos de sistemas políticos democráticos, y por otro lado que solo una pequeña minoría del 10% de la población tenía derecho a participar de la llamada democracia ateniense, quedando automáticamente excluidos la mayoría de trabajadores, campesinos, esclavos y las mujeres. De todas formas, el significado del término ha cambiado varias veces con el tiempo, y la definición moderna ha evolucionado mucho, sobre todo desde finales del siglo XVIII, con la sucesiva introducción de sistemas democráticos en muchas naciones y sobre todo a partir del reconocimiento del sufragio universal y del voto femenino en el siglo XX. Hoy en día, las democracias existentes son bastante distintas al sistema de gobierno ateniense del que heredan su nombre.

                *Cita extraída de: pág. 101 “Guerra y Paz en el Siglo XXI”, Las perspectivas de la democracia. Eric Hobsbawn.
                * ¹Cita extraída de: pág. 103 “Guerra y Paz en el Siglo XXI”, Las perspectivas de la democracia. Eric Hobsbawn.




Nadie en el barrio sabe por qué, pero Carlos nunca más fue a trabajar a la constructora. Desapareció. Nadie se animó a reclamar tampoco. Carlos nunca más fue visto. Nunca más.